Gracias.

Gracias por la calma que transmites cuando ríes,
cuando me llevas en volandas y el cansancio no te alcanza.
Gracias por las flores que no arrancas,
por reciclar enfados
o darlos con premura por zanjados.
Es entonces cuando no
quiero irme de tu lado,
porque la leña arde,
porque espero impaciente
que acabes de escribir

y leas… solo para mí.

Orad

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