Moleta

Huele a romero en Cedramán
cuando el viento entre los árboles
cuenta que me quieres,
tú me ofreces pan y leña,
yo te hablo de ilusiones.

Es tiempo de madrugón y ladrillos,
de almuerzo y caña fresca,
de sudor, de chapuzón;
es tiempo de escribir nuevos relatos
al cobijo de la mesa,
y de leerte mis poemas en la cima de la calle Moleta.

Huele a tomillo en Cedramán
cuando buscas en mis ojos el calor,
tú te muestras como eres,
y yo me doy tal como soy.

Anmarí D’aro. Derechos reservados 🔏.

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Sincrónico deleite

Inundada en el sudor que me provocas,
tejo gritos con las yemas de tus dedos,
berbiquíes que me estremecen con descaro,
hambrientos del espacio que te ofrezco.
Y me atan a tu cuerpo entre susurros
y quebrantan voluntades del pasado.
Es tu amor para conmigo pecho erguido,
estío perpetuo,
julio en la sangre
y agosto sin pena.
No pasan las horas en tu ausencia,
y hago balance al abrigo de los pinos,
y ahí, justo ahí, cuando recuerdo nuestros comienzos,
creo en ti.
Reviso a intervalos
el pasado
y no hallo en él huracán que despeluce mi camino como tú,
sí, como tú, que ahora los provocas con mil besos,
mediante mimos y remates,
con el aliento existencial que nunca mengua,
y sé, certísima, que aquellos pretéritos,
que, sin prisa postergo al olvido,
fueron, tan solo,
ventolinas o tempestades.
Sereno rostro que de mirarme no se agota,
y aguarda, paciente, réplica en el valle.
¡Ay, amor!, que alivia males
y endulza estos labios peregrinos,
te miro y muero,
y muero si no me miras, ¿no te diste cuenta?,
hace tiempo que te contesté.
¡Ay, sonrisa! que se vuelve índice,
medio, corazón,
término y huracán. ¿Cómo no amarte?
Sincrónico deleite
de un cielo habitado.
¿Cómo no amarte?

Los poetas están locos

Chantal Maillard,
deseó que alguna vez que un poeta la amase, pero después, esos poemas le dolieron en el cuerpo.
Mi respeto y homenaje a ella.

LOS POETAS ESTÁN LOCOS

Los poetas están locos;
nos miman, encumbran,
engatusan y divierten.
Los que conozco,
duermen en la orilla del río,
y cuando despiertan,
corren por la yerba,
yerba fresca empapada de rocío crudo.
Creerás que te escriben,
y tan solo se escriben,
pero si un día
esos poemas te faltan,
desearás, que tales,
nunca hubiesen sido para ti.
Y te volverás loco como ellos,
pero ellos… escriben poemas.

Anmarí D’aro

Plis plas o La gata de Irene (para Lledó)

La gata de Irene nos mira y vigila,
¡minina, minina!, clama la niña.
La gata tiene dos cachorros,
y al pasar por delante nos persiguen.
Los gatitos quieren jugar
cuando una vocecita dulce exhorta:
tía, ¿nos podemos quedar?
Van llegando felinos,
y en un plis plas cuento más de cinco.
¿Pero cuánto Micifuz hay?
Uno, dos, tres,
cuatro, cinco y seis,
y a la zaga del último,
otro, vemos aparecer.
La gata blanca de Irene
sigue vigilando y está callada.
Los gatitos juegan.
La niña sonríe.
Son más de las nueve
y la gata se levanta,
se estira y maulla.
Los gatitos tendrán hambre.
Por la senda abajo los vemos desaparecer,
uno, dos, tres,
cuatro, cinco, seis y siete.
¡Adiós, amigos,
comed todo y dormid bien, y no estéis tristes,
que estoy segura
de que volveré!

Àngels Orad

Viejo y sin colores (Homenaje a Miguel Hernández)

Un pueblo que no permite que entre aire fresco,
es un pueblo viejo.
Viejo y sin colores.
Amurallado por costumbres rancias,
alpargatas viejas
y pan duro en la puerta.
Yo, sobrevuelo tu casa;
y porque vuelo, te amo
y doblo mi espalda al tiempo que tú,
para que crezcamos fuertes y libres en esta tierra de fruta verde.
¡Quieren enterrar nuestra libertad!
Más podrá mi amor
que el odio,
más podrán tus buitres que los toros.
A mí, nunca me gustaron los toros en las plazas de España.
Moriré con la pluma en la mano
y la verdad en los labios.

Àngels Orad

Relatario La Virgulilla

Hoy, a las 19’30h presentación del primer relatario de #LaVirgulillaUnaria,

club de lectura, escritura y tertulia al cual tengo el placer de pertenecer.

Si estáis en Castelló, no os lo perdáis. 😍

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