Si un día no estás.

Mi amor es un junco,
recio, verde, flexible, alto.
Tú, el cielo, raso, gris, azul, nublado.
Si un día no estás
recuerda que caminé descalza
sin miedo de ser,
con miedo de dejar de ser.
Más como poderoso junco seguiré cantando al viento,
viajando a ninguna parte,
celebrando tu azul,
celebrando mi verde.

Anmarí D’aro.

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Ni una menos.

¿Qué falla? ¿Por qué hay malvados qué se creen que somos de su propiedad?
Cuando una relación se acaba no hay culpables; deberían quedar tan solo dos personas que no congeniaron. El resultado jamás debería ser un asesino y otra mujer muerta. Por ella (Sagrario) y por las que se fueron, no dejemos de pintarnos los labios.
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NI UNA MENOS.

Pinta tu hermosa sonrisa,
barre el miedo de ayer
y no aguantes sus peros encima,
hay rosas blancas por doquier.

La rabia y el llanto
a pocos irás soterrando,
desgraciado él, que por satán,
olvidarás sin eximir.

Esperada hazaña será
no sentir pena,
aunque ahora camines
encima de cristales rotos
y te bañes en locura hiriente,
respira, no estás sola.

No obedezcas a nadie ni a nada.
No lo esperes, ni a él, ni al timbre.
No lo veas.
No lo oigas.
No lo justifiques.

Respira, no estás sola.
Pinta tus labios.
Grita, ni una menos.

Anmarí D’aro.

Mambrú.

La soledad no escogida
muta en castigo
cuando te alejas y no escuchas
y yo, yo departo sola conmigo.

Como buque sin manbrú
y vergel agostado,
cuando me faltas tú,
así, contrita, deambulo.

Cierto es que soy arisca,
no lo voy discutir,
pero te quiero como el viejo al alba,
como el sueño a la esperanza.

Cantarina me deleito
cuando por fin siento tu arrimo,
y mil besos en mi prendes,
todos ellos bien cosidos.

Anmarí D’aro.

Y qué más.

Cuando veas que me altero nada temas,
hazme caso,
no te aflijas si no estoy,
volaré por los tejados
conversando con el sol,
él me escucha muy atento,
yo, me pongo a relatar,
de mis cuitas, mis lamentos

de este país de bombo y gol.

Paciencia me aconseja
y un escúchame sin más,
lo que se cuece es muy serio y se debería solventar.

Inhalo y respondo que paciencia poca hay,
que tenerla es una dicha
pero a veces ya no hay más,
¿denuncian a un maestro
por hablar de un cuto o más?
No hay derecho que un docente
se tenga que ver así.

Vuelvo a casa cabizbaja,
pensando en el futuro
cuando llegue a la urna
y ejercite mi derecho,

quizá para entonces ya no vote, porque a este paso, donde la banca es la que gana, no nos extrañe que

el maestro para entonces

ya no ejerza.

Anmarí D’aro.

Noviembre.

Desbarato mis temores
cuando pienso en tu semblante
y aniquilo acalorada de un plumazo,
como quien licor dulce bebe,
las dudas del pasado.

Pasado que me insta a pensar que no equivoco,
cuando tu nombre despierta invoco,
porque en estas horas peregrinas aunque esté triste y tú andes lejos,
no hay penumbra y nada temo.

Me perdí en tu mirada
y no hay camino de vuelta,
pero, quién quiere volver,
yo no quiero, es mi verdad.

Si existen afanes nuevos
nada hay que reprochar,
nuestro paraguas se abrió a destiempo,
y no me pudiste cobijar.

Cierra los ojos, buen amor
y apriétalos hasta que sangren,
llora lágrimas de antes
y explícame entre susurros
qué hago con noviembre,
este mes que entre mis labios
por ti suena
…diferente.

Anmarí D’aro.

Red.

Martes 13.
Martes Hitchcock.
Sed buenos.

La rivalidad entre ellas era conocida.
Cuando Anmarí entró en el salón no pudo apartar los ojos de Miriam, en su indumentaria tan solo variaban los zapatos.
-La mataré, sabía que iba a ponerme este vestido.
-Tranquila, tu eres más bonita.
Más tarde un revuelo la sacó de su ensimismamiento.
Miriam, con su vestido desgarrado, yacía en el suelo del baño muerta.
-¿David?
Sonrió.
– Solo tú mereces llevar este vestido -dijo.

Anmarí D’aro.

Mi sed.

Acariciarte donde nunca soñaste,
mutar la lascivia en prehistoria.
Y beber elixir en tu boca.
Y quedar saciada mi sed.
Ven, ahora durmamos.

Anmarí D’aro.

Ira.

Puedo gritar,
correr sin rumbo,
destrozar los tacones,
agazaparme,
plañir en lo oscuro,
quemar mis poemas
cegar mis niñas
y desaparecer.

Vuelvo,
junto a ti yazgo
y con mil besos osados
te confieso que erré el vuelo.
Tus brazos que me indultan
abren de nuevo el cielo,
adonde no caben las dudas
donde los besos perduran.

Anmarí D’aro. Derechos reservados.🔏

Lluny de tu.

Romanen amb força
anclats a la vora
meus peus que de tú
tan lluny es troben.

Un món de carícies
les ones em fan,
somio que véns
on mai has estat.

Ma calma és la platja
del poble d’on sóc,
m’aviva el somriure
i em floreix el cor.

Rodona i petita
em deixo mullar,
mai a cap lloc
em trobo igual.

Muntanyes boniques
vingueu-me a abraçar
voreres de pins,
mostreu-me el camí.

Anmarí D’aro.

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