Quid pro quo.

Pienso diferente,
te expongo mis razones
y refutas la respuesta,
pero me cubres de terneza
e intentas que comprenda
que no es mía la razón.

No reacciono quid pro quo
pues tú, más tarde,
me la das sin ton ni son
y yo, que soy cabezota,
me crezco en ese tiempo
y abandero rotundo adiós.

Pasan las horas…
melaza atemperada para ambos,
besos sempiternos que bailan nudos,
espacio intransitable entre los dos,
miradas que hacen las paces
y subyugan, con gozo, al pueril desaire.

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