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Remediavagos.

No me sirven remediavagos ni escusas cuando se trata de amar, acoplarse a los lances, sin escudo e indefensión, hacen al que ama digno de tamaña admiración.

Si nos hieren, haremos bien en alejarnos,
¡qué más nos quedará!, soñaremos y creeremos que lo mejor está por llegar,
aún así,
del pasado recordaremos solo lo mejor,
porque nosotros, que sí amamos,
lo hicimos en grande y lo volveríamos a hacer con renovada paz

una y otra vez.

Soledad

Sin hablar, no hizo falta,
escondí la soledad del alma,
nos miramos,
y tres versos después,
quisiste besar mi boca.

Al tiempo, tu voz,
como lápiz excelso,
dibujó un hermoso camino
por el que vuelan hoy,
como aquél día,
cientos de mariposas.

Morocho

Gozo leyendo poemas,
más quiero aprender
a mirarte a los ojos
y, en una hoja en blanco,
mi sentimientos perpetuar.

Son muchos los poetas leídos,
algunos son de ahora,
manidos de casta y gusto,
y otros, maestros de sabiduría eterna,
que ya dormían antes de que yo naciera.

Con todo lo que aprenda,
querido morocho,
algún día antes de ver amanecer
el poema más bello,
si Dios quiere,
para tí declamaré.

Pirólisis

Una pirólisis a seiscientos
revienta el horno y asusta,
en cambio, yo,
sucumbo al silencio
cuando la respuesta es adusta.

Reviso y aseguro
que jamás pregunté por vicio
ni me quejé por deporte;
cierto és,
que no atiendo a razones
cuando las circunstancias mandan,
y no los corazones.

Nada que se vista de insolencia
me agrada.
Nada que desaire,
me seduce.

Por eso en las horas
que reine el silencio
obraré cual penitente,
me aferraré a lo que siento,
calmaré las aguas
y alejaré el desconcierto,
porque, si bien es cierto
que cuando el dragón habla torpe
lastima y hiere,
no es menos verdad
que el amor con amor se paga
y esa será la única razón
por la que mi corazón se mueva.

Siringe

Como buitre perdido,
que vuela sin descanso
e inflama su siringe chillando
si regresa al nido
y sus polluelos no están,
así, partida y rota,
quedarían mi vida
y mi garganta
si algún a mi vuelta
descubriese que no estáis.

Os amo.

Irenismo

Con rachas de viento
empieza a menguar la tarde,
y tímidamente escondida
entre el amor y la amistad,
espero a que te decidas
a contarme la verdad.

La siesta fue larga,
y el sueño caduco,
pero ahora, en plena sierra,
espero impaciente
saber de dónde viene
ese malestar latente.

Sufro tanto con verte disgustado,
sea o no sea conmigo,
que rompería mis versos,
en pos del irenismo,
si de las dudas y pesares
ahora mismo te sacase.

Descansa en confianza
entre mis brazos que te estrechan
que yo lo haré en los tuyos,
y tendremos la potestad
de ser capaces de resolver
cualquier cosa juntos.

Aprendiz

Metido entre algodones
debería ponerte
porque esa pícara osadía,
que atesoras en derroche,
camufla, en ocasiones,
que dejamos hace años
la adorada juventud.

Pero estos consejos
para mí también valdrían,
porque he llegado a pensar
que ni tú eres aprendiz,
ni yo estoy doctorada
en arduas hazañas,
como desandar corriendo
a estas edades
caminos y senderos,
a miles… a cientos.

Extrasolar

Como un planeta extrasolar,
que no necesita orbitar
alrededor del Sol,
así de rebelde me siento,
y es más, confieso
que en mi madurar,
la actitud se acrecienta
y no va a menguar;
ya viví, por callar,
malas experiencias
y no sentí con ello
más que inquietud,
ahora, feliz,
con quien me ama y cuida,
más fuerte que nunca,
no guardaré por más tiempo
un falso silencio,
cuando me sienta atacada
moveré entonces mi ficha,
diré, lo que pienso en cada ocasión
y no bailaré a otro son
que no sea, el de mi propio credo.

Tapacubos

Abandonados en el garaje
porque el tiempo pasa
y su utilidad cayó en desuso,
vi, sin buscar, mil artilugios,
vestigios de un tiempo pasado
casi al borde del olvido.

Esa mañana,

vi objetos que antaño servían,
y, sin saber por qué
me acerqué a un viejo estante;
vi grifos,
aparatos de radio inservibles,
sillines de bici anticuados
y algún tapacubos,
buscando entre las cajas
encontré el bolso
y con él, también tu recuerdo.

Almuédano

Al igual que los árabes
escogen al almuédano
por su personalidad,
por su voz,
yo te elijo a ti, Amor,
por tu bondad,
por tu alegría,
una y otra vez lo haría,
y sí, a ti, porque viste en mi interior
aquello que escondía,
la lucha de mis días,
el llorar por mis ancestros,
la risa de los desperfectos.
Sí, te elijo a ti y no es cortesía,
porque no quiero vivir ni un solo día
sin oír de tus labios
la mejor poesía
que para mi es tu voz
cuando pronuncias…
mi nombre.

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