¡Bailemos!

En mi cuarto, ¡qué locura!
Delante del espejo debutan
nuestras bocas dulces
y tus dedos,

pajarillos inquietos que no me dejan vestir,
¡traviesos, parad,
es tarde de domingo
y hay baile!

En la cama una saya nueva, larga,
de seda con encajes
y un corpiño con bordados artesanos;
al lado del armario
unos zapatos de charol,
rojos, con hebilla,
de tacón, los más preciosos.

Adórname el pelo con un beso, querido,
y vayamos al salón.
Sonará Straus y entre violines
hay algo te quiero contar.

Ciñe mi talle con tierno ademán,
lléname de besos amantes,
que ya comienza baile.
¡Baila, cielo mío, baila,
no dejemos de girar,
me acecha la muerte,
y la quiero despistar!

Anmarí D’aro.

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