Kabuki.

A ti, consorte,
mago en sonrisa y gozo
que cautivo esperas
sin saberlo,
absoluta rendición,
¿por qué te espantas si enmudezco?
¿acaso persigues
actuar en un kabuki
y copiar mis ademanes?
Mírame y escucha.
Si con rabia me molesto
y hago pasto del camino,
mi bien, respira.
Si acopias reproches a cientos,
arderá nuestra doctrina
en fogata infeliz,
y de ese modo,
no habrá manera de que entre la perra en la perrera,
la leña en la leñera,
ni el hilo por el asa,
pero si al contrario,
cuando bastos sean mis acentos callas todo,
me besas,
me abrazas,
y calmas,
a pocos sentiré
tu silencio como mar en mis adentros,
tus besos como paz en mi cintura,
y tus abrazos como prenda
de máxima dulzura.

Anmarí D’aro.

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