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Jerbo

Ayer, en la siesta soñé
que era el ocaso del verano,
en pleno adiós del calor,
tus besos,
jugosos siempre como zurba madura,
humedecían mi boca.

Ví a los serbos

perder sus hojas,
arrastradas por el viento,
y juntos, paseando de la mano,
emprendimos el otoño.

Abrí los ojos, tú,
dormido a mi lado,
el jerbo,
comiendo en su jaula,
fui feliz,
entonces pensé…
todo es caduco,
salvo el amor,
salvo la fe.

Àngels Orad

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