Exangüe

Mi cuerpo
yacía exangüe tras el combate,
nadie se percató.

El amor, entonces,
como magia,
ciñó a mi cuerpo un vestido,
de cautela,
de gracias,
y al compás de unos férreos tacones,
escapé del pasado.

Anduve y desanduve
por desfiladeros nuevos,
unos desérticos,
otros ilusorios,
otro, el mejor, florecido,
en el que crecen juntos
la rosa y el clavel.

Cuando combates y desgracias,
por fin superé,
una Brisa fresca, estival
con olor a pinos
y sabor de té,
llamó a la puerta,
recuerdo bien el día.

Fue un seis, y fue agosto,
no llovió, el sol lucía,
le pregunté si era feliz,
un no fue la respuesta,
confesé ante ella mis anhelos,
dichas,
nos contamos cuitas,
lloramos, reímos,
desbaratamos idas,
planeamos venidas,
todo ello fue necesario
me doy cuenta,
para darle hoy,
gracias a Dios
de tenerla en mi vida.

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